Milky Way Post

Scenarios

Qué entra y qué no en cada caso

Antes de armar un presupuesto por jornada conviene dejar claras algunas definiciones que suelen generar dudas cuando se coordina un corto, un spot o un capítulo de serie. No todo lo que se conversa en la primera llamada forma parte del trabajo de postproducción, y no todo lo que aparece en el bruto se resuelve en la misma etapa del flujo.

Material crudo y versiones de trabajo

Cuando el rodaje llega desde otra ciudad o desde otro país, lo habitual es recibir ProRes o RAW por etapas. Los proxies se usan para edición y revisión, y el RAW queda reservado para el acabado final. Si el material llega incompleto o con nombres de archivo inconsistentes, el conformado se atrasa y eso afecta directamente los plazos reales de entrega. Ordenar carpetas y versiones al inicio no es un detalle administrativo: es parte del trabajo.

Alcance de la prueba de color

La prueba de color sin cargo se hace sobre una escena representativa y sirve para evaluar una dirección estética, no para cerrar el look de todo el proyecto. No reemplaza una sesión completa en sala calibrada ni incluye limpieza de planos, rotoscopia, tracking 3D o compositing con Nuke y Fusion. Esas tareas se integran después, cuando ya hay una decisión tomada sobre el color y un corte estable sobre el cual trabajar.

Los casos que se describen en esta página son situaciones de flujo de trabajo, no proyectos terminados ni clientes identificables. Si tu material encaja en alguno de estos escenarios, se puede revisar y coordinar una prueba de color sin cargo.

Lo que suele venir antes de una sesión de color

Casi todos los proyectos que entran al estudio pasan por las mismas preguntas: qué se rodó, en qué formato llegó y cuánto margen hay antes de la entrega. Estas notas reúnen situaciones concretas de trabajo para que puedas ubicar tu caso antes de escribirnos.

Un corto que vuelve de rodaje en otra ciudad

El material llega por etapas, muchas veces en RAW o ProRes. Se arman proxies para que la edición y la revisión avancen sin esperar el bruto completo, y el RAW queda guardado para el acabado. Después se revisa el crudo, se define una LUT de referencia y se agenda la sesión de color con el cliente mirando en pantalla.

Un spot que necesita varias salidas

Cuando el corte final ya está aprobado, la agencia suele pedir versiones para redes y masterizado en distintos formatos. Conviene fijar desde el arranque qué resoluciones y qué niveles de audio se van a necesitar, así el versionado no obliga a rehacer color ni mezcla.

Una serie en marcha con capítulos encadenados

Acá el conformado de timelines pesa tanto como el color. Si el corte pide limpieza de planos, rotoscopia, tracking 3D o compositing con Nuke y Fusion, esas tareas se integran al mismo flujo. También entran diseño sonoro, mezcla 5.1 y subtitulado según la ventana de exhibición.

En todos los casos se trabaja con plazos reales de entrega y presupuestos por jornada. Si tenés un corto, un spot o una serie en marcha, se puede mandar el material y coordinar una prueba de color sin cargo. Antes de eso, quizá te sirva mirar cómo ordenamos el proceso, qué dicen otros equipos que pasaron por la sala, o volver al inicio para ver el panorama completo del estudio.

Una escena alcanza para ver hacia dónde puede ir el material

En la página de escenarios ya se ven los recorridos típicos: un corto que vuelve de rodaje en otra ciudad, un spot que necesita versionado para redes, una serie que pide conformado y mezcla 5.1. El siguiente paso es concreto y no compromete jornadas: se elige una escena representativa, se trabaja sobre ella en sala calibrada y se compara con el bruto para evaluar el cambio.

Si tenés un corto, un spot o una serie en marcha, mandá el material y coordinamos esa prueba de color sin cargo. Con ese panorama se puede presupuestar por jornada y ordenar el flujo de entrega.

Coordinar la prueba de color

Antes conviene repasar el proceso de trabajo o volver al inicio para ubicar cada etapa.

Lo que se ve cuando el material ya pasó por sala

Tres momentos del flujo de trabajo: el primer pase de color con el cliente mirando en pantalla, la limpieza de un plano que no debía mostrar cables, y el masterizado listo para enviar. Son escenas de taller, no resultados de un proyecto cerrado.

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Primer pase de color en sala calibrada

El material crudo llega en RAW o ProRes y se revisa antes de tocar nada: exposición, balance y rango disponible. Con eso se arma una LUT de referencia y se agenda la sesión con el cliente en pantalla. Los ajustes se anotan escena por escena y se itera hasta el visto bueno.

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Limpieza y compositing que no se nota

Cables, marcas o continuidad rota entre tomas se resuelven plano por plano. Cuando la cámara se mueve, entran rotoscopia y tracking 3D; Nuke y Fusion permiten integrar capas sin perder la textura original de la imagen. El criterio es simple: que el efecto no se lea como efecto.

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Masterizado y versionado para cada destino

Cine, streaming y redes no piden lo mismo. El master se hace una vez y desde ahí se generan las versiones: subtitulado, idiomas y formatos según lo que exija cada convocatoria o plataforma. Tener el material ordenado desde el arranque evita rehacer trabajo cuando aparece una fecha ajustada.

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