01
Un solo interlocutor por jornada
Hablás directo con quien está frente a la timeline. Si hay que mover una escena, cambiar un plano o rehacer un ajuste de color, la decisión se toma con la persona que tiene el material en la mano, sin capas intermedias que traduzcan pedidos.
02
Revisión del bruto antes de tocar nada
Antes de armar la LUT de referencia miramos exposición, balance y rango dinámico. Ese paso evita prometer un look que el material no aguanta y ahorra jornadas de corrección sobre decisiones que conviene fijar temprano.
03
Sesiones de color con vos en pantalla
El primer pase se hace en sala calibrada y con el cliente mirando. Se anotan ajustes por escena y se itera hasta el visto bueno. No recibís un archivo terminado sin haber visto cómo respiraba la imagen en el monitor.
04
VFX que no se notan
Limpieza de planos, rotoscopia y tracking 3D se resuelven con Nuke y Fusion cuando la cámara se mueve y la continuidad se rompe. El criterio es simple: el efecto tiene que integrarse a la textura original del plano.
05
Rodajes remotos sin frenar el proceso
Si el equipo graba lejos, el material llega por etapas en ProRes, RAW o proxies. Con esa organización se puede conformar y empezar color mientras el bruto completo sigue viajando, siempre que nombres y carpetas se acuerden desde el arranque.
06
Masterizado y versionado en una sola pasada
El master se hace una vez y desde ahí salen las versiones para cine, streaming, redes o festivales, con subtitulado y mezcla 5.1 según pida cada convocatoria. Así una fecha de entrega ajustada no obliga a reprocesar todo.